Una verdadera solidaridad hacia las mujeres prostituidas consiste en la lucha por la abolición de la prostitución

30 nov.

Carta abierta a las mujeres lesbianas y queer

por Kathleen Piovesan, Jacqueline Gullion, Erin Graham

Somos un grupo de lesbianas de Vancouver que militamos en el movimiento de mujeres. Hemos detectado una tendencia creciente a apoyar la legalización o la despenalización total de la prostitución por parte de muchas personas que se dicen preocupadas por la seguridad y el bienestar de las mujeres y hombres que ejercen la prostitución. Nosotras creemos, sin embargo, que la necesaria despenalización de las personas inmersas en su ejercicio debe hacerse en un contexto de abolición de la prostitución, incluyendo la penalización constante de compradores, vendedores, proxenetas y traficantes de prostitutas.

Dirigimos esta carta a la comunidad de lesbianas y mujeres homosexuales en la que vivimos, porque creemos que deberían estar interesadas en apoyar la autonomía sexual de las mujeres. La legalización de la prostitución no equivale en modo alguno a una verdadera solidaridad con las prostitutas o con la causa de la autonomía sexual de las mujeres. Una auténtica solidaridad con las prostitutas implica la lucha por la abolición de la prostitución y a favor de una mayor gama de opciones sexuales para todas las mujeres. He aquí por qué.

1. La prostitución refuerza la heterosexualidad impuesta, enseñando a los hombres que tienen derecho a acceder, bajo sus propias condiciones, a los cuerpos de las mujeres, a solicitar a otras mujeres para la prostitución, así como a determinar sus actitudes. En cambio, el lesbianismo puede generar una mayor autonomía sexual para las mujeres, ofreciéndole otra opción y el ejemplo de una sexualidad no controlada por los hombres.

2. La prostitución está ligada a otras formas de coacción sexual, porque los compradores y los proxenetas utilizan su poder en forma de dinero, privilegio sexual masculino y / o violencia para determinar la naturaleza de la relación sexual – de modo muy similar a lo que hacen los hombres en situaciones de violación, violencia doméstica o incesto. Muchas mujeres prostituidas han sobrevivido a la violación, al incesto o a las agresiones físicas a lo largo del itinerario que las ha conducido hasta la prostitución.

3. La autonomía sexual de la mujer requiere también autonomía económica – la prostitución no representa ni lo uno ni lo otro. En la prostitución, un hombre tiene que pagar una vez para conseguir lo que quiere, mientras que una mujer debe ser vendida varias veces al día para conseguir lo que necesita, para cumplir con su proxeneta o con el gerente del burdel. Fuera de la prostitución, las condiciones laborales de las mujeres ya son especialmente precarias y carentes de seguridad. Su dependencia de los hombres las hace vulnerables a su violencia. Eso es particularmente cierto en aquellos casos en que son víctimas del racismo, indígenas y pobres. La invocación de la pobreza de las mujeres como una razón para la legalización de la prostitución es un argumento cínico y desesperado. Una verdadera igualdad económica es una exigencia para que las mujeres no se vean empujadas a contraer matrimonio, aceptar el acoso sexual, se vean relegadas a trabajos mal pagados y poco satisfactorios, o abocadas a la prostitución.

4. Los derechos de los homosexuales no deben eclipsar los derechos de las mujeres. Algunas “feministas”, como las animadoras del Instituto Simone de Beauvoir, han tildado de nociva la ley que prohíbe los prostíbulos con el argumento de que “las leyes sobre la prostitución se utilizan, en particular, contra las comunidades marginadas”. Se referían a los hombres que poseían, bares gay, como el Kox Truxx de Montreal. Como mujeres lesbianas y gay, no queremos que los hombres homosexuales sean perseguidos o marginados; pero también nos gustaría ver a los hombres gay y queer tomar una posición en favor de los derechos de las mujeres. No alcanzaremos la auténtica autonomía sexual de la mujer despenalizando la prostitución con el argumento de que eso daría mayor libertad a algunos hombres gay para comprar y vender a otros hombres.

La igualdad de las mujeres es un derecho. El comportamiento prostitucional de algunos hombres homosexuales o queer no lo es.

5. La ley rara vez se utiliza para proteger a las mujeres y no va a ser la legalización o despenalización de la prostitución lo que cambie las cosas. En un contexto de legalización de la prostitución, la policía y el sistema de justicia penal probablemente tratarían a las prostitutas de la misma manera que en la actualidad tratan a las mujeres violadas, abusadas o prostituidas con las leyes acerca de la violación y las agresiones; es decir, procediendo a un mínimo de investigación y condenando raramente a los culpables de violencia masculina. En los últimos cinco años en Vancouver, la prostitución se ha despenalizado de facto – la policía ha hecho muy pocos arrestos. Durante este período, hemos visto desatarse una terrible violencia: muchas mujeres siguen desaparecidas, hubo el caso de Bakker – que torturó a numerosas mujeres – y la muerte de Nicole de París en un apartamento que servía de prostíbulo. Las lesbianas y las mujeres queer esperan poder utilizar la ley para protegerse contra el acoso homofóbico y sexista. Debemos esperar lo mismo para las mujeres en situación de prostitución, es decir, que la ley sea utilizada para prohibir a los hombres el acoso sexual, la agresión y la compra-venta de mujeres.

6. Las prostitutas y las mujeres lesbianas y gay comparten algunas apelaciones que pretenden marcar su marginalidad sexual en el seno de la sociedad. Etiquetas como “tortillera”, “guarra” o “puta” se utilizan indistintamente en contra nuestra. Sin embargo, la responsabilidad de las mujeres lesbianas y queer hacia las mujeres en situación de prostitución pasa por la exigencia de autonomía sexual para todas las mujeres, lo que les evitaría tener que dedicarse a la prostitución.

7. En cuanto a libre elección se refiere, la prostitución es lo contrario de lesbianismo. Las lesbianas y las mujeres queer quieren hacer todo tipo de opciones en sus vidas y llegar a realizarse de muchas maneras – a través de las formas de vestir, de lo que nos gusta o no nos gusta hacer. Las prostitutas no tienen esas mismas opciones. Las opciones que ofrece la prostitución a las mujeres se limitan a la forma de comercializar sus cuerpos, a cómo sortear la falta de ingresos seguros, a cómo sobrellevar golpes y violaciones, a la forma de soportar las exigencias de relaciones sexuales sin protección, y a cómo vivir bajo el temor constante de la violencia y la incesante supervisión de su comportamiento, tanto en la calle como en los burdeles.

8. Las lesbianas son conscientes de que la experiencia sexual influye en el deseo sexual. Esa ha sido nuestra experiencia al convertirnos en lesbianas y mujeres gay. También sabemos que muchas mujeres que han sobrevivido el incesto, a la agresión sexual, la violación o la prostitución han optado por ser lesbianas y queer como una forma de expresión sexual. No queremos que nuestras amigas y amantes vivan con el dolor y la alienación resultante de semejantes experiencias de violencia física. Queremos que todas las mujeres experimenten la autonomía, la alegría y el afecto de su propia vivencia sexual. Elegimos ser mujeres lesbianas y gay para expresar nuestro amor hacia las mujeres y nuestro deseo de igualdad. Para nosotras, esta elección ha sido una fuente de empoderamiento mediante la ampliación del horizonte de nuestras expectativas y nuestras posibilidades. Todo el movimiento de las mujeres tiende constantemente a ampliar los límites de la expresión y la libertad de las mujeres. La prostitución, por el contrario, es una decisión tomada en virtud de determinaciones extremadamente restrictivas: la pobreza, la inseguridad, la violencia y la misoginia. La prostitución no puede ser liberadora y no debe ser entendida como la autonomía sexual, ni confundida con los objetivos feministas. Legalizar o despenalizar por completo la compra de sexo, como lo hace la reciente sentencia Himel, nos hace a todas más vulnerables al acoso de género y restringe nuestras opciones y posibilidades.

Aceptar la legalización o la despenalización total de la prostitución en Canadá supondría una capitulación ante las injustas demandas sexuales de los hombres; el precio a pagar sería la autonomía sexual de las mujeres. Las lesbianas y las mujeres queer deben asumir una estrecha solidaridad con las mujeres en situación de prostitución exigiendo la abolición de la prostitución y la protección de nuestros derechos colectivos.

Original en francès: http://sisyphe.org/spip.php?article3791

Traducción: “Dones d’Enllaç”

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