Soy abolicionista, luego soy calumniadora, cruel, paternalista, manipuladora y etc., etc…

18 mai

IMG_3073-225x300Pilar Aguilar Carrasco

Publicado originalmente en Pikara Magazine (16.05.2016)

“Pikara ha publicado una carta abierta escrita por “Prostitutas indignadas y dirigida a las abolicionistas.

La carta es, de hecho, una acusación feroz contra quienes militamos por la abolición.

Algunas de las acusaciones que nos hacen dan casi risa: por ejemplo, se nos acusa de ser blancas (¿de dónde han sacado, primero el censo y, después, la foto de las abolicionistas, para saber de qué color somos?).

Se nos acusa de ser cultas (¡!). Y digo lo mismo: ¿han analizado nuestro currículo? ¿Ignoran que Cristina Garaizabal, alma mater de Hetaira, estudió psicología? ¿Cuál es el baremo por el que deciden que, por ejemplo, yo, abolicionista, soy más culta que Empar Pineda, regulacionista, si ambas estudiamos Filología?

Se nos acusa de negociar (se nos acusa a todas las abolicionistas, como si fuésemos un bloque) “con partidos responsables de las políticas de precariedad neoliberal, de la corrupción institucional y del modelo turístico que ha arrasado a Barcelona”. Se sobreentiende, pues, que ellas abogan por que a los “clientes”, además de fijar la cantidad de dinero y la manera en la que se las van a follar, se les exija una declaración jurada de fe anticapitalista y una copia del censo de la ciudad que certifique que viven en ella y no alientan ese modelo turístico.

Me conmueve que las autoras de la carta se opongan al neoliberalismo. Comparto esa posición ideológica pero yo lo hago extensivo a todo. Tampoco quiero que nuestro cuerpo sea objeto de compraventa. O sea, no apruebo el libre mercado con el cuerpo de las mujeres.

Se nos acusa de pactar “con quienes persiguieron a las mujeres que ejercen en la vía pública y regularon los locales de alterne dando vía libre a las ganancias de sus amigos empresarios de la industria del sexo”. Creo que las autoras de la carta no han entendido que abolición es ABOLICIÓN. Yo, por mi parte, confieso que no entiendo si lo que las “prostitutas indignadas” (que ¿quiénes son? su pág. web no me saca de dudas) propugnan es que se cierren los clubs y solo se pueda ejercer en la calle.

Otras acusaciones dan menos risa. Así, a mí no me da ninguna que nos acusen de ser violentas hacia ellas.

En la carta se dice textualmente: “A través de vuestros [los de las abolicionistas] constantes insultos, de vuestras calumnias, de vuestra violencia. Desde hace años, cargamos con vuestra rabia, en las últimas semanas con mayor fuerza e impunidad”.

Y sigue:

“Nos despreciáis llamándonos “carne”, nos acusáis de ser delincuentes, nos convertís en objetos en lugar de reconocernos como sujetos de derecho y reproducís estigma sobre todas las mujeres”.

O sea, soy yo quien las considera “carne”, no el tipo que por 20€ les mete sus genitales por donde quiera. Y, si la prostitución se legalizara ¿el estigma desaparecería? 14 años después de su legalización, no es lo que ha ocurrido en Alemania… Debe ser que los alemanes son raros.

En resumen, toda la carta es una acusación tras otra sobre supuestas barbaries y atropellos que les infligimos las abolicionistas. Y lo más sorprendente: lanzan tan gravísimas acusaciones sin aportar ninguna prueba. Sin decir: en tal publicación, en tal escrito, en tal declaración se lee textualmente tal o cual cosa (con cita literal, por favor).

Ya me parece excesivo que hagan de las abolicionistas un bloque monolítico pero, en cualquier caso, deberían señalar qué feminista reconocida como tal (no me vale su vecina ni el cura de su parroquia) las ha insultado y de qué forma.

Por ahora, lo que tenemos es simplemente un delirio agresivo sin prueba alguna, un ataque brutal contra nosotras, las feministas abolicionistas. Y eso que Pikara señala “Exprésate con libertad, pero con respeto”…

Y como ellas (vuelvo a preguntar ¿quiénes? ¿cuántas?) dicen que no entran en argumentos (aunque sí lo hacen, por supuesto) yo tampoco entro. Solo diré que no creo que la mayoría de las mujeres prostituidas sean vocacionales. No, no lo creo pero, en cualquier caso, no tengo nada en contra de ellas. No pido que se las sancione. Pido que se multe y sancione al que compre actos sexuales (por llamarlo de alguna manera).

Esto es como el tema del maltrato: las mujeres maltratadas viven (hasta que dejan de hacerlo) “voluntariamente” con su maltratador y yo no pido que se les prohíba, pido que a los maltratadores se les mande a la cárcel.

También es una muestra de mala fe que las autoras o autores del texto aseguren: “no tenemos cargos de poder ni amigas poderosas” (contrariamente, según parece, a las abolicionistas). Vaya, como si los partidarios de la prostitución no tuvieran poder (qué raro, entonces, que la prostitución esté floreciendo desde hace miles de años), y como si los puteros, dueños de burdeles y otros beneficiarios de un negocio que mueve miles de millones no fueran “amigos poderosos”…”

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La nueva política y el entusiasmo neoliberal por la emprendiduría prostituyente

11 abr

Article de  publicat originalment a Publicoscopia (2 abril 2016).

“Parece que el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Barcelona está trabajando para proteger los derechos de las mujeres que ejercen la prostitución por voluntad propia y por regular el ejercicio de la misma hasta aquel punto en el que el consistorio tenga competencias. Este hecho ha ocasionado un movimiento de reacción en contra protagonizado por cuatro alcaldesas del área metropolitana y de diversas entidades feministas, con un cierto liderazgo del Movimiento Democrático de Mujeres (MDM).

Y ha sido la pugna política la que ha provocado que el debate sobre la prostitución y las posiciones enfrentadas en torno a su regulación, salte a los medios en un intercambio de acusaciones por el uso partidista de la cuestión. Y probablemente una parte de esas acusaciones sean ciertas, pues en esto también consiste una parte del ejercicio político, tanto de la nueva como de la vieja política: en defender las propias convicciones y utilizar los medios al alcance para difundirlas, con la pretensión de conseguir una parcela de hegemonía sobre las ideas contrarias por el simple hecho de creer que las propias son mejores y más convenientes para la sociedad en su conjunto. O porque son las que uno defiende como ideario del partido al que pertenece. Es importante recordar que los partidos representan ideologías y que éstas condicionan su mirada de la realidad. Y que también este hecho les legitima a defenderlas por peregrinas que resulten. Por lo tanto, bienvenido el debate.

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A Cristina Pedroche: La ignorancia es muy osada

9 abr

per Montserrat Fernández-Garrido

Advocada, mediadora familiar, professora Master de Dret UB

Militant feminista

Version française ICI.

“Leer la entrevista que publicó su diario el pasado domingo con Cristina Pedroche hace revolverse a muchas muertas en el cementerio.
Decir que “debemos olvidarnos del machismo y del feminismo porque son una tontería” es no tener ni idea de lo que se habla. Y la chica lo hace con desparpajo, con esa soberbia de quien siendo joven, popular y guapa, tiene muchos seguidores, pero ignorando todo lo que desconoce.
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El machismo mata y maltrata y discrimina y explota e impone. Y el feminismo no es una cara de la misma moneda, sino que es una filosofía liberadora y una lucha en favor de hombres y de mujeres.
El feminismo lucha por una sociedad mejor, donde haya igualdad en la dignidad y en derechos iguales ante situaciones iguales: que las mujeres tuvieran derecho al voto y a ser elegidas, derecho a estudiar en la universidad o a ser jueces o presidentas, no tener que pedir permiso del padre o del marido para abrir una cuenta corriente, tener pasaporte o poner un negocio, tener derecho a la herencia, disponer de la potestad de los hijos junto con el padre de los mismos, poder divorciarse, no ser metidas en prisión o quitarles los hijos por sospechas de adulterio mientras los hombres podían tener amantes, tener derecho a los anticonceptivos para no abortar y aborto en condiciones médicas para no morir, no sufrir discriminación por tener una u otra tendencia sexual, no cobrar menos por trabajos de igual valor… Esa ha sido la lucha, de la que también se ha beneficiado Cristina.

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«Las putas también son mujeres»… Y las mujeres, ¿prostituibles?

3 abr

«Las putas también son mujeres»… Y las mujeres, ¿prostituibles?

«Las putas también son mujeres». He aquí el eslogan «rompedor» bajo el cual se han publicado estos días artículos y manifiestos a favor de la regularización de la prostitución. Cabe pensar que los autores o autoras de la frase en cuestión, que reivindican dicha legalización en nombre de los derechos que con ello – supuestamente – obtendrían las mujeres en situación de prostitución, pretenden subrayar que, como mujeres que son, deberían disfrutar de las mismas opciones que el resto de la ciudadanía. Sin duda. Pero la formulación tiene trampa y está cargada de veneno. Justamente en lo concerniente a las mujeres y a sus derechos.

«Puta» es quizás la más genuina de las construcciones patriarcales. La prostitución nunca ha sido un oficio de mujeres, sino ante todo un comercio entre hombres. Ninguna mujer nace «puta». Hay hombres que, a través de distintos mecanismos, transforman mujeres en «putas» y las ponen a disposición de los caprichos sexuales de otros hombres. El mismo vocablo «puta», asociado en el imaginario masculino a una sulfurosa mezcla de lascivia y depravación moral, tiene como función desdibujar el papel determinante de los hombres en la prostitución, descargando sobre las espaldas de las mujeres prostituidas la responsabilidad de su propia suerte. Así pues, «puta», lejos de señalar una «profesión», designa fundamentalmente una identidad: una singular identidad de mujer… construida por los hombres.

Y esa identidad se convierte en una prisión degradante. Una cárcel inmaterial, pero de muros insalvables. Por eso resulta una pésima estrategia de emancipación hacer de semejante insulto una bandera («todas somos putas»), trampa en la que caen algunos sectores feministas. Lejos de conmover los cimientos de las relaciones patriarcales, ese «grito transgresor» no hace sino confortar el espacio simbólico de la dominación machista. Más aún. Resulta perfectamente comprensible que haya mujeres en situación de prostitución que reivindiquen su condición de «puta». Pero, por nuestra parte, no tenemos derecho a ignorar el dolor y el llamamiento a la solidaridad que esconde esa actitud; no podemos dejar de ver en ella un gesto elemental de supervivencia en medio de la realidad devastadora de la prostitución. Las mujeres que han logrado escapar de ese mundo – fervientes abolicionistas que se llaman a si mismas «supervivientes» – explican con todo detalle la mecánica de la disociación y de la auto-negación, necesarias para soportar lo insoportable.

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«Les putes també són dones»… I les dones, prostituïbles?

2 abr

«Les putes també són dones»… I les dones, prostituïbles?

«Les putes també són dones». Vet aquí l’eslògan, pretesament «trencador», sota el qual s’han escrit aquests dies articles i manifestos a favor de la regularització de la prostitució a Barcelona. Cal suposar que els autors o autores de la frase, que reivindiquen aquesta legalització en nom de l’obtenció de drets per a les dones en situació de prostitució, pretenen subratllar que, com a dones que són, haurien de gaudir de les mateixes opcions que la resta de la ciutadania. Sens dubte. Però la frase té trampa i està carregada de verí. Justament pel que fa a les dones i als seus drets.

«Puta» és potser la més genuïna construcció patriarcal. La prostitució mai ha estat un ofici de dones, sinó més aviat un comerç entre homes. Cap dona neix «puta». Hi ha homes que, a través de diferents mecanismes, transformen dones en «putes» i les posen a disposició dels capricis sexuals d’altres homes. El mateix terme «puta», associat en l’imaginari masculí a una sulfurosa barreja de lascívia i depravació moral, té com a funció desdibuixar el paper determinant dels homes en la prostitució, descarregant sobre les dones prostituïdes la responsabilitat del seu destí. Així doncs, «puta», més que una «professió», designa una identitat; però una singular identitat de dona construïda pels homes.

I aquesta identitat esdevé una presó. Immaterial, però de murs insalvables. Per això resulta una pèssima estratègia d’emancipació fer-ne una bandera («totes som putes»), parany en el que cauen alguns sectors feministes. Lluny de commoure les relacions patriarcals, aquesta mena de «crit transgressor» només fa que confortar l’espai simbòlic de la dominació masclista. Més encara. Resulta perfectament comprensible que hi hagi dones en situació de prostitució que reivindiquin la seva condició de «puta». Però nosaltres no tenim el dret d’ignorar el dolor i la crida a la solidaritat que amaga aquesta actitud; no podem deixar de veure-hi un gest elemental de supervivència enmig de la realitat aclaparadora i destructiva de la prostitució. Les dones que han sortit del món de la prostitució – fervents abolicionistes que s’anomenen elles mateixes «supervivents» – ens han explicat a bastament la mecànica de la dissociació i de la negació de si mateixes, condició per suportar l’insuportable.

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Galeria

Dilluns 7 de març, acte de presentació de les Jornades Feministes de 2016

24 Feb
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Manifestació 8 de març de 2016 – Barcelona

24 Feb

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